miércoles, 3 de octubre de 2018

Manifiesto por la Jornada Mundial por el trabajo decente 2018

Con motivo de la celebración de la Jornada Mundial por el Trabajo Decente del 7 de octubre, las entidades promotoras de la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente hacemos un llamamiento a todos los agentes que participan en la organización política y social del trabajo a reflexionar, a tomar las medidas necesarias y los esfuerzos oportunos para que el trabajo decente sea una realidad universal e inmediata. «Es imprescindible la colaboración de todos, especialmente de empresarios, sindicatos y políticos, para generar ese empleo digno y estable, y contribuir con él al desarrollo de las personas y de la sociedad. Es una destacada forma de caridad y justicia social» (Iglesia, servidora de los pobres, 32)[1].
Esta convocatoria es una constatación, cada vez mayor a nivel internacional de la preocupación por la cuestión y la importancia del trabajo decente. La Organización Internacional del Trabajo (OIT), el movimiento sindical mundial (CSI) o el Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos (MMTC) son instituciones que, además de promover esta jornada mundial, están comprometidas en abordar el futuro del trabajo desde la perspectiva del trabajo decente, situando el foco en los sectores más vulnerables y desprotegidos.
La Iglesia no es ajena a esta realidad. En palabras del papa Francisco «Cuando la sociedad está organizada de tal modo, que no todos tienen la posibilidad de trabajar, de estar unidos por la dignidad del trabajo, esa sociedad no va bien: ¡no es justa! Va contra el mismo Dios, que ha querido que nuestra dignidad comience desde aquí. La dignidad no nos la da el poder, el dinero, la cultura, ¡no! ¡La dignidad nos la da el trabajo!”. Y un trabajo digno, porque hoy “tantos sistemas sociales, políticos y económicos han hecho una elección que significa explotar a la persona”[2].
En España la situación sigue siendo dramática para millones de personas. Nuestro injusto marco laboral y social[3] desplaza y descarta a millones de personas del acceso a un trabajo digno. Somos líderes en pobreza laboral[4], insostenible desempleo, hogares con todos sus miembros en paro, normalización de la contratación temporal y precaria, por no hablar de la pérdida de la vida o la desprotección de quienes son descartados del trabajo.
Sensibles a esta realidad y conscientes de la importancia de establecer puentes y favoreciendo mirando al mundo desde estas periferias pensamos que esta jornada mundial es un buen momento para reflexionar sobre cómo podemos avanzar para generar un trabajo decente:
·          Es necesario configurar un sistema económico que ponga en el centro a las personas y al medio ambiente a través de un sistema de relaciones laborales más justas, igualitarias, solidarias y sostenibles. Necesitamos un sistema que considere que el trabajo es un bien para la vida. Es urgente garantizar la protección física y psicológica de todos sus trabajadores y trabajadoras  así como la conciliación con la vida familiar.
·          Es necesario que los poderes públicos se comprometan con la construcción de un sistema económico y laboral más justo: Derogando las normas que precarizan la vida de las personas; favoreciendo el acuerdo mediante el diálogo social; asignando partidas presupuestarias destinadas a apoyar la creación o la transformación de empresas que desarrollen estos criterios y generen prácticas laborales acordes con la dignidad de todos los trabajadores y trabajadoras.
·          Existen empresas que en su actividad cotidiana están desarrollando estos criterios. Es importante visualizar estas respuestas, que es posible funcionar de otra manera y que reciban el apoyo de toda la sociedad.
·          Como entidades de la Iglesia consideramos que estas experiencias son ejemplos reales de buenas prácticas que nos enseñan caminos de humanización acordes al proyecto que Dios tiene para todos y todas.

Toda la comunidad cristiana está llamada a visibilizar y denunciar la situación de desigualdad en el acceso al trabajo decente y la negación de dignidad que esto supone y a apoyar a todas aquellas realidades laborales que favorecen el trato de dignidad y justicia que todas las personas tienen.
Por ello, la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente animamos a participar en los actos reivindicativos y de oración convocados para toda la jornada en todas las diócesis de nuestro país.
Madrid, octubre de 2018


[1] Conferencia Episcopal Española
[2] Homilía sobre el trabajo. Ciudad del Vaticano, 2 mayo 2013.
[3] Iglesia por el trabajo decente (ITD), mayo de 2018
[4] OCDE, 2018.

sábado, 21 de julio de 2018

La HOAC reclama un modelo de desarrollo inclusivo y solidario respetuoso con la dignidad de la persona y con la casa común

La HOAC reclama un modelo de desarrollo inclusivo y solidario, respetuoso con la dignidad de la persona y con la casa común

Del 16 al 22 de julio, hemos celebrado en la Residencia de los Padres Paúles, de Salamanca, los Cursos de Verano de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), 300 personas representando a 42 diócesis han participado en este espacio de oración, diálogo y profundización, con un clima de convivencia y fraternidad. También hemos contado con la presencia de Carlos López Hernández, obispo de Salamanca. 

A través de distintas jornadas hemos reflexionado sobre cómo acompañar desde las responsabilidades de consiliaria y animación de la fe la vivencia del compromiso apostólico y de la formación con la experiencia del amor de Dios en nuestras vidas y en la vida del mundo obrero y del trabajo.

Hemos escuchado, profundizado y dialogado, con personas comprometidas en la cultura del trabajo; con los principales dirigentes de los sindicatos del país, y con representantes de asociaciones de trabajadores y trabajadoras, sobre cuáles son los retos que la realidad de precariedad, paro y exclusión plantea al mundo obrero y del trabajo y cómo responder ante las dificultades del trabajo con justicia y fraternidad.

Hemos puesto en común experiencias de nuestro compromiso social, sindical y político que intentan ser expresión de la misericordia de Dios con nuestros compañeros y compañeras del trabajo. Y hemos orado desde nuestro ser Iglesia, potenciando la espiritualidad y la mística militante. 

En el marco de estos días, también hemos tenido la oportunidad de compartir la Eucaristía en la parroquia de San Sebastián, junto con la unidad pastoral del centro histórico de Salamanca.

Hemos hecho visible, con una representación en la plaza de Anaya, las situaciones de injusticia, pobreza y exclusión que el sistema nos quiere implantar que, como dice el papa Francisco, es una lógica económica que “mata” y que descarta a la persona.

Queremos subrayar que el futuro del trabajo pasa por situar a la persona en el centro “de la cuestión social” y haciendo efectiva la solidaridad. Esta sociedad solo podrá ser decente en la medida que sea capaz de procurar trabajo digno para todos los hombres y mujeres. 

Con todo ello, queremos afirmar que: 

1) El trabajo ha ido pasando progresivamente de ser un bien para la vida a ser un instrumento para la producción. La deshumanización del trabajo coloca a la persona en una peligrosa situación de vulnerabilidad y exclusión social. 

2) Muchos trabajadores y trabajadoras están sufriendo una gran precariedad. Y esta precarización del trabajo que estamos padeciendo supone también la degradación de la empresa y de la economía, por lo que estamos llamados a repensar el sentido y la función que realmente deben tener para que sirvan al bien común. 

3) Creemos que, ante la situación de insolidaridad estructural que se vive en todo el mundo, respecto a los trabajadores y trabajadoras, es esencial nuestro compromiso sindical en la pobreza y en la debilidad del mundo obrero, para ser testigos vivos de un proyecto de humanización, uniendo amor y justicia. Creemos en el papel estratégico de las organizaciones de trabajadores, pilares fundamentales de la democracia que, mediante el diálogo social y la negociación colectiva, construyen sociedades más justas. 

4) Como creyentes en Jesús de Nazaret, y consecuentes con la Doctrina Social de la Iglesia, reafirmamos la centralidad de la persona humana y el derecho al trabajo decente en un modelo de desarrollo inclusivo, solidario y respetuoso con la casa común.

Salamanca, 20 de julio de 2018