Cuaresma 2011 “Para humanizar la vida y las relaciones”
Dice
mi vecino “el ateo” - así se llama a sí mismo cuando hablamos -, que el
lío de la Cuaresma prueba que «la religión y el ocio es un buen
negocio». Por mi parte, le insisto en que hay personas y comunidades que
tratan de vivir la Cuaresma desde las víctimas de todos los inhumanos
negocios y desde la solidaridad y la defensa de la justicia. Porque,
para ellas, la Cuaresma es una llamada a no vivir para sí mismas sino
para Dios, que es lo mismo que vivir para los que, desde las cunetas del
mundo, reclaman una vida más digna y humana. En este momento, mi vecino
“el ateo”, saca unos folios amarillentos y rotos por los dobleces, y me
dice: «Hace años un cura me habló de ello mientras cogíamos aceitunas,
pero, la pena es que todavía no lo he visto». Y me entregó un escrito,
del año 1990, de Diamantino García, que, con permiso de mi vecino “el
ateo”, comparto con ustedes con pequeños cambios de redacción.
Lo propio de la Cuaresma no es la mortificación sino la vivificación:
“La Pascua es el triunfo de la vida sobre la muerte, y la Cuaresma es
celebración de esa vida. Por eso, no tiene que ser sinónimo de
mortificaciones y complejos de culpa”… Por eso, “en lugar de
mortificaciones, vivificaciones; en lugar de dejar de comer algo, invita
a alguien a comer; en lugar de ahorrar para no gastar, por a
disposición de otro lo que tienes; en lugar de complejo de culpa,
sentimiento de vivir la gracia”, sabiendo que «eres una persona de
suerte porque Dios se ha empeñado en ti, porque conoces la esperanza
evangélica, cuentas con amigos y amigas realmente excelentes, con una
familia, que difícilmente se encuentra…» Por todo esto, hay que dar
gracias a Dios y a los otros.