lunes, 14 de marzo de 2016

REFUGIADOS: Una profunda crisis moral. Editorial 1581 Noticias Obreras.

En una editorial anterior1 nos referíamos a la situación de las personas refugiadas que llegan o intentan llegar a Europa y planteábamos que el desgobierno y la indiferencia estaban agravando dramáticamente la vida de millones de personas. Desde entonces la situación se ha hecho más escandalosa.
Por ello adquieren más fuerza unas palabras –que compartimos– publicadas por Cristianisme i Justicia hace unos meses: «Tenemos que considerar literalmente como criminales aquellas políticas de “seguridad” que tiendan a blindar fronteras y a levantar muros. Es el momento de la solidaridad activa, de la búsqueda conjunta de soluciones, y en esto las opiniones públicas de los países potencialmente acogedores tenemos que ser mucho más conscientes, claras e insistentes ante nuestras autoridades»2.
El papa Francisco nos recuerda que «todos los días… las historias dramáticas de millones de hombres y mujeres interpelan a la comunidad internacional, ante la aparición de inaceptables crisis humanitarias en muchas zonas del mundo. La indiferencia y el silencio abren el camino a la complicidad cuando vemos como espectadores a los muertos… Sea de grandes o pequeñas dimensiones, siempre son tragedias cuando se pierde aunque sea solo una vida»3. Por eso, insiste repetidamente en la necesidad de «romper la barrera de la indiferencia que suele reinar campante para esconder la hipocresía y el egoísmo» (Misericordiae vultus, 15).
Lo que muestra la situación de los refugiados en Europa (aunque no solo en Europa y no solo la de los refugiados, sino también la de los emigrantes) y las políticas de cierre de fronteras y de criminalización de las personas que se ven en la necesidad de huir, es la profunda crisis moral que vivimos. Tanto en la debilidad de las respuestas a las causas estructurales de las migraciones y de los refugiados, como en las dificultades personales y estructurales que ponemos para acogerlos, se comprueba la profundidad de esa crisis, que viene provocada por el olvido de la fraternidad, de la común humanidad que nos hermana. Necesitamos recomponer la fuerza de la moral en nuestras vidas, la fuerza de la fraternidad, en lo personal y en lo social. Por eso es tan radical y tan importante, para encontrar respuestas, lo que dice el papa Francisco: «Cada uno de nosotros es responsable de su prójimo: somos custodios de nuestros hermanos y hermanas, dondequiera que vivan»; nuestra responsabilidad humana es «que se encuentren “en casa” en la única familia humana».
Sentir así, pensar así, actuar así… es lo que nos puede ayudar a recomponer la capacidad moral, cuya «prueba del algodón» es responder compasivamente al sufrimiento de los otros. Quienes, personas o grupos, sí actúan así (porque en medio de esta crisis son también muchos y muy importantes los signos de solidaridad y acogida que se están produciendo) nos muestran el camino que necesitamos recorrer, lo que necesitamos convertir en criterio de funcionamiento de nuestras sociedades. La pregunta es si estamos dispuestos a asumir lo que supone, porque la misma falta de fraternidad nos hace verlo como «costes», cuando en realidad son oportunidades de crecer en humanidad.

Particularmente en Europa es esencial avivar la convicción moral de que sin la fraternidad, la libertad y la igualdad son inalcanzables. Cada comunidad cristiana y todas las comunidades cristianas, estamos urgidas a prestar en nuestra sociedad el servicio de ser testigos vivos de ello, desde la convicción de que «en la raíz del Evangelio de la misericordia el encuentro y la acogida del otro se entrecruzan con el encuentro y la acogida de Dios: acoger al otro es acoger a Dios en persona»4. Luego, no hacerlo es rechazar a Dios en persona.

sábado, 27 de febrero de 2016

8 de Marzo: Día Internacional de la Mujer Trabajadora


COMUNICADO ANTE EL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER TRABAJADORA

El 8 de marzo es un día para rememorar el pasado y ser agradecidos y agradecidas; para observar el presente y hacernos eco de la realidad; y también para mirar al futuro y lanzarnos valientemente hacia él.

8 de marzo de 1911: el pasado que construyó el presente
Fue en 1911 cuando se celebró por primera vez el Día Internacional de la Mujer Trabajadora con una reivindicación a favor del derecho al voto, el derecho al trabajo y la no discriminación laboral.
Con aquel primer Día Internacional de la Mujer Trabajadora se inicia una tradición que cumple 105 años de lucha en pro de la igualdad, la justicia, la paz y el desarrollo. Nuestra admiración, por tanto, hacia las mujeres que han luchado por defender su dignidad de mujeres y de trabajadoras, y que han conseguido la conquista de fundamentales derechos sociales, económicos y políticos.

8 de marzo de 2016: una acentuación de las desigualdades sociales
Hoy, en este 8 de marzo, queremos tener presentes a todas las mujeres trabajadoras, especialmente a las que día a día luchan contra la incertidumbre económica y vital de un sistema económico que precariza nuestras condiciones de vida y de trabajo, que crea cada día más pobreza y más desigualdad.

Las mujeres con poca cualificación, con empleos poco remunerados y sin derechos, con importantes responsabilidades familiares son el eslabón más débil y que soporta mayor discriminación y mayor explotación por ser mujeres trabajadoras y trabajadoras pobres.
Los recortes sociales, las reformas laborales, la supresión de ayudas a la dependencia…, han generalizado la precariedad y la flexibilidad, con especial incidencia en las mujeres, doblemente discriminadas tanto en el ámbito doméstico como en el laboral, a pesar de los avances. Además, en una sociedad mercantilizada como la nuestra, el trabajo del hogar y los cuidados para sostener la vida, realizados desde la gratuidad, fundamentalmente por mujeres, no son valorados ni considerados.

Una mirada al futuro desde la esperanza
En contraste con la lógica actual que domina la vida social, política y cultural, hemos de aspirar a humanizar la sociedad, atendiendo preferentemente al empobrecimiento de millones de personas. La lucha contra las desigualdades, discriminaciones e injusticias que hoy padecen las mujeres necesitan de cada uno de nosotros y de nosotras. La corresponsabilidad entre ambos sexos es imprescindible y necesaria.
En este Día Internacional de la Mujer Trabajadora, Mujeres y Teología, la JOC (Juventud Obrera Cristiana) y la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica), nos comprometemos en nuestra tarea a trabajar por el sueño de la igualdad de derechos, igualdad de oportunidades y progreso para todos y todas: “Las reivindicaciones de los legítimos derechos de las mujeres, a partir de la firme convicción de que varón y mujer tienen la misma dignidad, plantean a la Iglesia profundas preguntas que la desafían y que no se pueden eludir superficialmente…” (Papa Francisco Evangelii Gaudium nº. 104).

Invitamos también al conjunto de la sociedad a no permanecer impasible ante las situaciones de deshumanización y empobrecimiento de tantas mujeres. Este día es una llamada al compromiso y a la denuncia profética, a la reflexión y a la acción, sabedores y sabedoras de nuestra capacidad para organizar la vida social desde la igualdad y desde el respeto a la diversidad de cada hombre y mujer.

Hoac Ciudad Real.              JOC Ciudad Real                  Mujeres y Teología C. Real