lunes, 5 de octubre de 2020

Nos movemos por el Trabajo decente (7 de octubre de 2020)



    Por sexto año consecutivo, las organizaciones que integramos la Iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente (ITD) reivindicamos y celebramos el 7 de octubre, la Jornada Mundial por el Trabajo Decente, para hacer visible la precariedad que sufre el mundo del trabajo, aumentada por la situación de emergencia sanitaria provocada por la pandemia mundial de la COVID-19. La crisis de la pandemia ha puesto de relieve las debilidades estructurales del Estado de bienestar en España y la necesidad del trabajo decente para el desarrollo de una sociedad fraterna. Esta crisis nos ha enseñado que se puede consumir menos y mejor, que el servicio de aquellos oficios menos valorados, social y económicamente son los que sostienen la vida y el cuidado comunitario.

    La realidad en que nos encontramos está visibilizando las consecuencias de un modelo productivo incapaz de generar empleo con alto valor añadido y marcado por las altas tasas de precariedad laboral. Con empleos que se destruyen, cifras de ERTE y paro disparadas, protección social que no está llegando a quienes tienen derecho (como en el caso del ingreso mínimo vital o la prestación para las empleadas de hogar) y miles de personas sin posibilidad de acceso a la misma por ejercer su actividad en la economía sumergida. Demasiados empleos considerados esenciales mantienen condiciones laborales tan precarias que algunas veces rozan la vulneración de derechos y muchas la imposibilidad del sostenimiento de la vida. Esto está suponiendo que multitudes se vean abocadas a acudir a los servicios sociales públicos, a los recursos sociales de las organizaciones de la Iglesia o a la ayuda de las comunidades parroquiales y vecinales para poder subsistir. Es aquí donde se ha manifestado la mayor experiencia de solidaridad y apoyo común que hemos descubierto en esta circunstancia tan extraordinaria, una experiencia de unidad en la adversidad que ha hecho que nos movamos por el bien común. Tenemos que valorar el trabajo humano en la medida que nos dignifica como hijas e hijos de Dios, corresponsables con el cuidado de la vida y la creación. 

    “Hoy he empezado a trabajar, el primer día de trabajo ha sido duro. En mi contrato figura una jornada real de cuatro horas y media, y en realidad han sido casi nueve…, con mucha presión por parte del jefe, y casi ninguna comunicación”. Este podría ser el caso de cualquier persona, hombre o mujer, joven o adulta…, con necesidad de un salario para poder comer, vivir, sustentar a una familia... Sensibles a esta realidad, somos conscientes que necesitamos movernos en comunidad, aunar esfuerzos, buscar apoyos y seguir reclamando un trabajo decente y de justicia social que haga oír nuestra voz en nuestros barrios, ante las organizaciones sindicales y en las instituciones de gobierno.

    Ante estas situaciones necesitamos alzar la voz, pelear y luchar cada vez con más fuerza para que el trabajo decente sea posible, necesitamos una esperanza que nos permita ver el horizonte a través de estas situaciones que padece el mundo del trabajo. Nos movemos por el trabajo decente, muévete con nosotros y nosotras porque este compromiso nos humaniza.

    Urgimos a adoptar las medidas necesarias para conseguir que el trabajo decente sea una realidad accesible para todas las personas, con condiciones que permitan mantener una vida digna y que la protección social llegue a todas las personas que lo necesitan.

    Por eso, en esta Jornada Mundial, en Iglesia por el Trabajo Decente, nos movemos y reivindicamos:

● Apostar por un nuevo sistema productivo, capaz de generar empleos con alto valor añadido y que ponga a la persona en el centro.

● Lograr el reconocimiento social y laboral de los empleos esenciales para la vida y que estos tengan unas condiciones laborales dignas que permitan a las personas salir de la pobreza.

● Reconocer el derecho a la protección social sin que esté supeditado a la vida laboral. 

● Garantizar que el ingreso mínimo vital sea una realidad para las personas que lo necesitan, dotando a las instituciones de los recursos necesarios para su gestión.

● Asegurar la percepción del subsidio extraordinario a las trabajadoras de hogar y que se reconozca su derecho a la prestación por desempleo al igual que para el resto de personas trabajadoras.

    Como movimientos de Iglesia, en ITD trabajamos en equipo con el fin de visibilizar la lucha por conseguir que el trabajo decente sea cada día más real en la vida de las personas y respetuoso con la casa común. “Para la Iglesia no se trata solamente de predicar el Evangelio…, sino de alcanzar y transformar con la fuerza del Evangelio…” (Pablo VI)

    Os animamos a participar en los actos reivindicativos y celebrativos en todas las plazas y parroquias de las diócesis, en su organización y difusión.


viernes, 26 de junio de 2020

La HOAC se suma a las movilizaciones que reclaman un acuerdo de reconstrucción social para que nadie quede descartado


La Comisión Permanente de la HOAC, movimiento de trabajadores y trabajadoras de Acción Católica especializada, expresa su preocupación por la situación social, laboral y política del país y considera razonable que se exprese, de forma segura, con la convocatoria de movilizaciones prevista para el sábado 27 de junio en todo España, para reclamar un acuerdo de reconstrucción social solidario para que nadie quede descartado y sin derechos y con la  participación de toda la comunidad política, de todas las instituciones, entre las que se incluya la Iglesia. 
El último estudio de la Fundación FOESSA, señala los estragos que la pandemia está provocando en nuestro país, describe una sociedad donde la pobreza severa, que no había parado de aumentar, a pesar de la recuperación del empleo, antes de la COVID-19, está muy presente. Hoy tres de cada 10 personas en la exclusión grave carecen de cualquier tipo de ingreso. Los hogares en exclusión grave que se sostenían sólo de los ingresos de su propia actividad laboral han vuelto a caer dramáticamente. Solo 1 de cada cuatro hogares se puede sostener del empleo. Las previsiones de lo que se viene adquieren una magnitud no conocida. Las instituciones económicas y laborales advierten de la enorme catástrofe socioeconómica que vamos a tener que dar respuesta solidariamente.
En este sentido, la HOAC se muestra a favor de establecer un nuevo pacto social basado en el diálogo entre todas las instituciones del país, buscando el bien común y fortaleciendo la democracia, priorice la dignidad de cada persona, el cuidado del medioambiente  y la promoción del trabajo decente. La profunda crisis que está provocando la pandemia de la COVID-19, para los trabajadores y trabajadoras más humildes y desprotegidos no es sino la continuación de la permanente crisis en la que los ha sumido un sistema que perpetúa y acrecienta la desigualdad. Tenemos delante dos caminos: uno, seguir intentando en vano buscar salidas con la misma lógica de sacralización de la apropiación y acumulación excluyente de los bienes, que no hará más que aumentar la catástrofe humana y ambiental, porque es el problema, no la solución. El otro, decidirnos de una vez por caminar en la dirección del destino universal de los bienes, haciendo una distribución mucho más justa de la riqueza social. Solo en este camino podremos encontrar respuestas humanas y hacer frente al actual desastre socioambiental.
La crisis nos sigue poniendo a prueba como sociedad y nos ofrece la oportunidad de crecer en humanidad, cuidando su fragilidad. Sin la prioridad del cuidado de los más frágiles no existe el bien común. Es también una oportunidad para valorar más y mejor los servicios públicos y los esenciales que son expresión del bien común, particularmente el servicio de la sanidad pública y el de tantas mujeres y hombres trabajadores se entregan en ella al servicio de los demás. Es la oportunidad de tomar la firme decisión de dedicar los esfuerzos y recursos necesarios para fortalecerla y extenderla, así como también el trabajo de determinados colectivos y profesiones, de escaso reconocimiento social, que esta crisis ha puesto en valor. Es esencial gestionar bien las consecuencias económicas de esta situación. Es fundamental que la factura económica no la vuelvan a pagar los empobrecidos, los precarios, las familias más vulnerables. El bien común exige, ante todo, opciones claras en ese sentido. Sin ello el bien común no es más que hueca palabrería. De lo contrario, no harán sino crecer las desigualdades y la injusticia, una vez más. 
Finalmente, la HOAC hace un llamamiento para establecer una senda de diálogo que nos permita avanzar en justicia social. La actual confrontación y crispación es una actitud gravemente irresponsable que no permite tender puentes para abordar las respuestas que necesitan los retos y las incertidumbres de nuestra sociedad. En la Iglesia también estamos emplazados a tener un papel más activo en la promoción del necesario diálogo social y político, para buscar juntos respuestas a las necesidades socioambientales.