sábado, 1 de diciembre de 2018
lunes, 26 de noviembre de 2018
Comunicado de las XXIV Jornadas Generales de Pastoral Obrera
Con el lema “Acompañar en la precariedad” el Departamento de
Pastoral Obrera, de la CEAS de la Conferencia Episcopal Española ha celebrado del
23 al 25 de noviembre en Avila las XXIV Jornadas generales de Pastoral Obrera,
cuyo objetivo ha sido profundizar en cómo acompañar a las personas empobrecidas
del mundo obrero.
La ponencia presentada por D. José Luis Segovia Bernabé,
Vicario de Pastoral Social e Innovación de la Archidiócesis de Madrid, ha
señalado la necesidad de reconocer que la precariedad, fruto de la injusticia
en el trabajo y de la vulneración de los derechos personales de los trabajadores y los derechos sociales de las familias, es un
elemento de este sistema que deshumaniza; evitable, por tanto.
Ha invitado a no olvidar que está en la misma naturaleza de
la Iglesia acompañar en la precariedad la vida de tantos trabajadores desde la
encarnación en sus mismas condiciones de vida, haciéndose Sacramento de la impotencia compartida. Desde esta sacramentalidad,
que hemos de vivir toda la Iglesia, hemos de ofrecer a Jesucristo, salvación
para todos, en la tarea política de construir humanidad que sane, reconstruya,
y reconcilie la relación humana, social y con la creación.
Hemos compartido la experiencia de acompañamiento en la
precariedad, desde la Asociación de Barrios ignorados de Andalucía, que nos ha
llamado la atención sobre las fracturas vitales que la precariedad provoca, la
pobreza que genera, el aislamiento y descarte social de familias enteras,
especialmente de los jóvenes que los habitan, a quienes se aboca a un presente
de exclusión, carente de sentido y un futuro sin esperanza.
La experiencia del acompañamiento al precariado desde el
sindicato, que hemos escuchado, nos reafirma en la necesidad de pedir a las
organizaciones sindicales que realicen su imprescindible función social,
poniendo en el centro a los trabajadores precarizados, a los desempleados, a
los trabajadores pobres, para, como pide el Papa Francisco, construir justicia
juntos.
Desde esas reflexiones y experiencias hemos acogido retos y
llamadas:
A hacernos Sacramento de la impotencia compartida viviendo
en la precariedad, como Iglesia que habita en medio de las casas de sus hijos e
hijas para poder compartir en la esperanza su propio camino de humanización. La
evangelización pasa por el camino de la compasión, de la pasión compartida,
para crecer en comunión con los empobrecidos.
A recordar a toda la Iglesia el ineludible camino de
seguimiento de Jesucristo en medio de los gozos y las tristezas de toda la
humanidad y, especialmente, del mundo obrero que comporta nuestra fe. El mundo
obrero precarizado y empobrecido sigue existiendo. Solo con los pobres podremos
recorrer los caminos del Evangelio.
A exigir de todas las Administraciones la inclusión social
de todos los descartados -personas, familias, barrios- mediante políticas que
hagan reales los Derechos Humanos: derecho a trabajo decente, a vivienda, a
educación, salud... Y a exigir que realicen su tarea ineludible al servicio del
Bien común desde la restauración de la dignidad del trabajo humano, de las
personas trabajadoras y sus familias.
Como dice
el papa Francisco, “cualquier forma de trabajo tiene detrás una idea sobre la
relación que el ser humano puede o debe establecer con lo otro de sí.” (LS 125)
“El hombre es el autor, el centro y el fin de toda la vida económico-social.
No obstante, cuando en el ser humano se daña la capacidad de contemplar y de
respetar, se crean las condiciones para que el sentido del trabajo se
desfigure. (CA 37)
Tenemos necesidad de preservar el trabajo humano, por eso es necesario que se siga
buscando como prioridad el objetivo del acceso al trabajo por parte de
todos.” (LS
127)
“El gran
objetivo debería ser siempre permitirles a los pobres una vida digna a través
del trabajo, porque el trabajo es una necesidad, parte del sentido de la vida
en esta tierra, camino de maduración, de desarrollo humano y de realización
personal.” (LS 128)
En la
precariedad, la esperanza. ¿Cómo hacer para no dejarse robar la esperanza en
las «arenas movedizas» de la precariedad? Con la fuerza del Evangelio.[1]
En este día contra la violencia de género en que hemos orado
desde el dolor de las víctimas, y con esta esperanza, nos convocamos para la
celebración el año próximo de las XXV Jornadas, en la celebración del
veinticinco aniversario de la publicación del documento de la CEE “La Pastoral
Obrera de toda la Iglesia”.
ÁVILA, 25 de noviembre
de 2018.
Fiesta de Jesucristo,
rey del Universo.
[1]
MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO A LOS PARTICIPANTES EN EL CONGRESO
NACIONAL DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL
ITALIANA (CEI) [24-26 DE OCTUBRE DE
2014, SALERNO]
jueves, 8 de noviembre de 2018
miércoles, 3 de octubre de 2018
Manifiesto por la Jornada Mundial por el trabajo decente 2018
Con motivo de la
celebración de la Jornada Mundial por el Trabajo Decente del 7 de octubre, las
entidades promotoras de la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente hacemos un
llamamiento a todos los agentes que participan en la organización política y social
del trabajo a reflexionar, a tomar las medidas necesarias y los esfuerzos
oportunos para que el trabajo decente sea una realidad universal e inmediata. «Es imprescindible la colaboración
de todos, especialmente de empresarios, sindicatos y políticos, para generar
ese empleo digno y estable, y contribuir con él al desarrollo de las personas y
de la sociedad. Es una destacada forma de caridad y justicia social» (Iglesia, servidora de los pobres, 32)[1].
Esta convocatoria es
una constatación, cada vez mayor a nivel internacional de la preocupación por
la cuestión y la importancia del trabajo decente. La Organización Internacional
del Trabajo (OIT), el movimiento sindical mundial (CSI) o el Movimiento Mundial
de Trabajadores Cristianos (MMTC) son instituciones que, además de promover
esta jornada mundial, están comprometidas en abordar el futuro del trabajo
desde la perspectiva del trabajo decente, situando el foco en los sectores más
vulnerables y desprotegidos.
La Iglesia no es ajena
a esta realidad. En palabras del papa Francisco «Cuando la sociedad está
organizada de tal modo, que no todos tienen la posibilidad de trabajar, de
estar unidos por la dignidad del trabajo, esa sociedad no va bien: ¡no es
justa! Va contra el mismo Dios, que ha querido que nuestra dignidad comience
desde aquí. La dignidad no nos la da el poder, el dinero, la cultura, ¡no! ¡La
dignidad nos la da el trabajo!”. Y un trabajo digno, porque hoy “tantos
sistemas sociales, políticos y económicos han hecho una elección que significa
explotar a la persona”[2].
En España la situación
sigue siendo dramática para millones de personas. Nuestro injusto marco laboral
y social[3] desplaza y descarta a millones de personas del acceso a un trabajo
digno. Somos líderes en pobreza laboral[4], insostenible desempleo, hogares con
todos sus miembros en paro, normalización de la contratación temporal y
precaria, por no hablar de la pérdida de la vida o la desprotección de quienes
son descartados del trabajo.
Sensibles a esta
realidad y conscientes de la importancia de establecer puentes y favoreciendo
mirando al mundo desde estas periferias pensamos que esta jornada mundial es un
buen momento para reflexionar sobre cómo podemos avanzar para generar un
trabajo decente:
·
Es necesario
configurar un sistema económico que ponga en el centro a las personas y al
medio ambiente a través de un sistema de relaciones laborales más justas,
igualitarias, solidarias y sostenibles. Necesitamos un sistema que considere
que el trabajo es un bien para la vida. Es urgente garantizar la protección
física y psicológica de todos sus trabajadores y trabajadoras así como la conciliación con la vida
familiar.
·
Es necesario que los
poderes públicos se comprometan con la construcción de un sistema económico y
laboral más justo: Derogando las normas que precarizan la vida de las personas;
favoreciendo el acuerdo mediante el diálogo social; asignando partidas
presupuestarias destinadas a apoyar la creación o la transformación de empresas
que desarrollen estos criterios y generen prácticas laborales acordes con la
dignidad de todos los trabajadores y trabajadoras.
·
Existen empresas que
en su actividad cotidiana están desarrollando estos criterios. Es importante
visualizar estas respuestas, que es posible funcionar de otra manera y que
reciban el apoyo de toda la sociedad.
·
Como entidades de la
Iglesia consideramos que estas experiencias son ejemplos reales de buenas
prácticas que nos enseñan caminos de humanización acordes al proyecto que Dios
tiene para todos y todas.
Toda la comunidad
cristiana está llamada a visibilizar y denunciar la situación de desigualdad en
el acceso al trabajo decente y la negación de dignidad que esto supone y a
apoyar a todas aquellas realidades laborales que favorecen el trato de dignidad
y justicia que todas las personas tienen.
Por ello, la
iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente animamos a participar en los actos
reivindicativos y de oración convocados para toda la jornada en todas las
diócesis de nuestro país.
Madrid, octubre de
2018
[1] Conferencia
Episcopal Española
[2] Homilía
sobre el trabajo. Ciudad del Vaticano, 2 mayo 2013.
[3] Iglesia por el trabajo decente (ITD), mayo de 2018
[4] OCDE, 2018.
lunes, 1 de octubre de 2018
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