lunes, 26 de noviembre de 2018

Comunicado de las XXIV Jornadas Generales de Pastoral Obrera

Con el lema “Acompañar en la precariedad” el Departamento de Pastoral Obrera, de la CEAS de la Conferencia Episcopal Española ha celebrado del 23 al 25 de noviembre en Avila las XXIV Jornadas generales de Pastoral Obrera, cuyo objetivo ha sido profundizar en cómo acompañar a las personas empobrecidas del mundo obrero.

La ponencia presentada por D. José Luis Segovia Bernabé, Vicario de Pastoral Social e Innovación de la Archidiócesis de Madrid, ha señalado la necesidad de reconocer que la precariedad, fruto de la injusticia en el trabajo y de la vulneración de los derechos personales de los trabajadores y los derechos sociales de las familias, es un elemento de este sistema que deshumaniza; evitable, por tanto.

Ha invitado a no olvidar que está en la misma naturaleza de la Iglesia acompañar en la precariedad la vida de tantos trabajadores desde la encarnación en sus mismas condiciones de vida, haciéndose Sacramento de la impotencia compartida. Desde esta sacramentalidad, que hemos de vivir toda la Iglesia, hemos de ofrecer a Jesucristo, salvación para todos, en la tarea política de construir humanidad que sane, reconstruya, y reconcilie la relación humana, social y con la creación.

Hemos compartido la experiencia de acompañamiento en la precariedad, desde la Asociación de Barrios ignorados de Andalucía, que nos ha llamado la atención sobre las fracturas vitales que la precariedad provoca, la pobreza que genera, el aislamiento y descarte social de familias enteras, especialmente de los jóvenes que los habitan, a quienes se aboca a un presente de exclusión, carente de sentido y un futuro sin esperanza.

La experiencia del acompañamiento al precariado desde el sindicato, que hemos escuchado, nos reafirma en la necesidad de pedir a las organizaciones sindicales que realicen su imprescindible función social, poniendo en el centro a los trabajadores precarizados, a los desempleados, a los trabajadores pobres, para, como pide el Papa Francisco, construir justicia juntos.

Desde esas reflexiones y experiencias hemos acogido retos y llamadas:

A hacernos Sacramento de la impotencia compartida viviendo en la precariedad, como Iglesia que habita en medio de las casas de sus hijos e hijas para poder compartir en la esperanza su propio camino de humanización. La evangelización pasa por el camino de la compasión, de la pasión compartida, para crecer en comunión con los empobrecidos.

A recordar a toda la Iglesia el ineludible camino de seguimiento de Jesucristo en medio de los gozos y las tristezas de toda la humanidad y, especialmente, del mundo obrero que comporta nuestra fe. El mundo obrero precarizado y empobrecido sigue existiendo. Solo con los pobres podremos recorrer los caminos del Evangelio.


A exigir de todas las Administraciones la inclusión social de todos los descartados -personas, familias, barrios- mediante políticas que hagan reales los Derechos Humanos: derecho a trabajo decente, a vivienda, a educación, salud... Y a exigir que realicen su tarea ineludible al servicio del Bien común desde la restauración de la dignidad del trabajo humano, de las personas trabajadoras y sus familias.

Como dice el papa Francisco, “cualquier forma de trabajo tiene detrás una idea sobre la relación que el ser humano puede o debe establecer con lo otro de sí.” (LS 125) “El hombre es el autor, el centro y el fin de toda la vida económico-so­cial. No obstante, cuando en el ser humano se daña la capacidad de contemplar y de respetar, se crean las condiciones para que el sentido del tra­bajo se desfigure. (CA 37) Tenemos necesidad de preservar el trabajo humano, por eso es necesa­rio que se siga buscando como prioridad el objetivo del acceso al trabajo por parte de todos.” (LS 127)

“El gran objetivo debería ser siempre permitirles a los pobres una vida digna a través del trabajo, porque el trabajo es una necesidad, parte del sentido de la vida en esta tierra, camino de ma­duración, de desarrollo humano y de realización personal.” (LS 128)

En la precariedad, la esperanza. ¿Cómo hacer para no dejarse robar la esperanza en las «arenas movedizas» de la precariedad? Con la fuerza del Evangelio.[1]

En este día contra la violencia de género en que hemos orado desde el dolor de las víctimas, y con esta esperanza, nos convocamos para la celebración el año próximo de las XXV Jornadas, en la celebración del veinticinco aniversario de la publicación del documento de la CEE “La Pastoral Obrera de toda la Iglesia”.

ÁVILA, 25 de noviembre de 2018.
Fiesta de Jesucristo, rey del Universo.




[1] MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO A LOS PARTICIPANTES EN EL CONGRESO NACIONAL  DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ITALIANA (CEI)  [24-26 DE OCTUBRE DE 2014, SALERNO] 

miércoles, 3 de octubre de 2018

Manifiesto por la Jornada Mundial por el trabajo decente 2018

Con motivo de la celebración de la Jornada Mundial por el Trabajo Decente del 7 de octubre, las entidades promotoras de la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente hacemos un llamamiento a todos los agentes que participan en la organización política y social del trabajo a reflexionar, a tomar las medidas necesarias y los esfuerzos oportunos para que el trabajo decente sea una realidad universal e inmediata. «Es imprescindible la colaboración de todos, especialmente de empresarios, sindicatos y políticos, para generar ese empleo digno y estable, y contribuir con él al desarrollo de las personas y de la sociedad. Es una destacada forma de caridad y justicia social» (Iglesia, servidora de los pobres, 32)[1].
Esta convocatoria es una constatación, cada vez mayor a nivel internacional de la preocupación por la cuestión y la importancia del trabajo decente. La Organización Internacional del Trabajo (OIT), el movimiento sindical mundial (CSI) o el Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos (MMTC) son instituciones que, además de promover esta jornada mundial, están comprometidas en abordar el futuro del trabajo desde la perspectiva del trabajo decente, situando el foco en los sectores más vulnerables y desprotegidos.
La Iglesia no es ajena a esta realidad. En palabras del papa Francisco «Cuando la sociedad está organizada de tal modo, que no todos tienen la posibilidad de trabajar, de estar unidos por la dignidad del trabajo, esa sociedad no va bien: ¡no es justa! Va contra el mismo Dios, que ha querido que nuestra dignidad comience desde aquí. La dignidad no nos la da el poder, el dinero, la cultura, ¡no! ¡La dignidad nos la da el trabajo!”. Y un trabajo digno, porque hoy “tantos sistemas sociales, políticos y económicos han hecho una elección que significa explotar a la persona”[2].
En España la situación sigue siendo dramática para millones de personas. Nuestro injusto marco laboral y social[3] desplaza y descarta a millones de personas del acceso a un trabajo digno. Somos líderes en pobreza laboral[4], insostenible desempleo, hogares con todos sus miembros en paro, normalización de la contratación temporal y precaria, por no hablar de la pérdida de la vida o la desprotección de quienes son descartados del trabajo.
Sensibles a esta realidad y conscientes de la importancia de establecer puentes y favoreciendo mirando al mundo desde estas periferias pensamos que esta jornada mundial es un buen momento para reflexionar sobre cómo podemos avanzar para generar un trabajo decente:
·          Es necesario configurar un sistema económico que ponga en el centro a las personas y al medio ambiente a través de un sistema de relaciones laborales más justas, igualitarias, solidarias y sostenibles. Necesitamos un sistema que considere que el trabajo es un bien para la vida. Es urgente garantizar la protección física y psicológica de todos sus trabajadores y trabajadoras  así como la conciliación con la vida familiar.
·          Es necesario que los poderes públicos se comprometan con la construcción de un sistema económico y laboral más justo: Derogando las normas que precarizan la vida de las personas; favoreciendo el acuerdo mediante el diálogo social; asignando partidas presupuestarias destinadas a apoyar la creación o la transformación de empresas que desarrollen estos criterios y generen prácticas laborales acordes con la dignidad de todos los trabajadores y trabajadoras.
·          Existen empresas que en su actividad cotidiana están desarrollando estos criterios. Es importante visualizar estas respuestas, que es posible funcionar de otra manera y que reciban el apoyo de toda la sociedad.
·          Como entidades de la Iglesia consideramos que estas experiencias son ejemplos reales de buenas prácticas que nos enseñan caminos de humanización acordes al proyecto que Dios tiene para todos y todas.

Toda la comunidad cristiana está llamada a visibilizar y denunciar la situación de desigualdad en el acceso al trabajo decente y la negación de dignidad que esto supone y a apoyar a todas aquellas realidades laborales que favorecen el trato de dignidad y justicia que todas las personas tienen.
Por ello, la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente animamos a participar en los actos reivindicativos y de oración convocados para toda la jornada en todas las diócesis de nuestro país.
Madrid, octubre de 2018


[1] Conferencia Episcopal Española
[2] Homilía sobre el trabajo. Ciudad del Vaticano, 2 mayo 2013.
[3] Iglesia por el trabajo decente (ITD), mayo de 2018
[4] OCDE, 2018.

sábado, 21 de julio de 2018

La HOAC reclama un modelo de desarrollo inclusivo y solidario respetuoso con la dignidad de la persona y con la casa común

La HOAC reclama un modelo de desarrollo inclusivo y solidario, respetuoso con la dignidad de la persona y con la casa común

Del 16 al 22 de julio, hemos celebrado en la Residencia de los Padres Paúles, de Salamanca, los Cursos de Verano de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), 300 personas representando a 42 diócesis han participado en este espacio de oración, diálogo y profundización, con un clima de convivencia y fraternidad. También hemos contado con la presencia de Carlos López Hernández, obispo de Salamanca. 

A través de distintas jornadas hemos reflexionado sobre cómo acompañar desde las responsabilidades de consiliaria y animación de la fe la vivencia del compromiso apostólico y de la formación con la experiencia del amor de Dios en nuestras vidas y en la vida del mundo obrero y del trabajo.

Hemos escuchado, profundizado y dialogado, con personas comprometidas en la cultura del trabajo; con los principales dirigentes de los sindicatos del país, y con representantes de asociaciones de trabajadores y trabajadoras, sobre cuáles son los retos que la realidad de precariedad, paro y exclusión plantea al mundo obrero y del trabajo y cómo responder ante las dificultades del trabajo con justicia y fraternidad.

Hemos puesto en común experiencias de nuestro compromiso social, sindical y político que intentan ser expresión de la misericordia de Dios con nuestros compañeros y compañeras del trabajo. Y hemos orado desde nuestro ser Iglesia, potenciando la espiritualidad y la mística militante. 

En el marco de estos días, también hemos tenido la oportunidad de compartir la Eucaristía en la parroquia de San Sebastián, junto con la unidad pastoral del centro histórico de Salamanca.

Hemos hecho visible, con una representación en la plaza de Anaya, las situaciones de injusticia, pobreza y exclusión que el sistema nos quiere implantar que, como dice el papa Francisco, es una lógica económica que “mata” y que descarta a la persona.

Queremos subrayar que el futuro del trabajo pasa por situar a la persona en el centro “de la cuestión social” y haciendo efectiva la solidaridad. Esta sociedad solo podrá ser decente en la medida que sea capaz de procurar trabajo digno para todos los hombres y mujeres. 

Con todo ello, queremos afirmar que: 

1) El trabajo ha ido pasando progresivamente de ser un bien para la vida a ser un instrumento para la producción. La deshumanización del trabajo coloca a la persona en una peligrosa situación de vulnerabilidad y exclusión social. 

2) Muchos trabajadores y trabajadoras están sufriendo una gran precariedad. Y esta precarización del trabajo que estamos padeciendo supone también la degradación de la empresa y de la economía, por lo que estamos llamados a repensar el sentido y la función que realmente deben tener para que sirvan al bien común. 

3) Creemos que, ante la situación de insolidaridad estructural que se vive en todo el mundo, respecto a los trabajadores y trabajadoras, es esencial nuestro compromiso sindical en la pobreza y en la debilidad del mundo obrero, para ser testigos vivos de un proyecto de humanización, uniendo amor y justicia. Creemos en el papel estratégico de las organizaciones de trabajadores, pilares fundamentales de la democracia que, mediante el diálogo social y la negociación colectiva, construyen sociedades más justas. 

4) Como creyentes en Jesús de Nazaret, y consecuentes con la Doctrina Social de la Iglesia, reafirmamos la centralidad de la persona humana y el derecho al trabajo decente en un modelo de desarrollo inclusivo, solidario y respetuoso con la casa común.

Salamanca, 20 de julio de 2018